lunes, 9 de abril de 2007

Cuerpos Pintados






Historia relatada por Roberto Edwards, fotógrafo y editor, creador y director del proyecto. Los orígenes de Pintados se remontan al menos una década antes de su primera presentación pública en 1991. Al recorrer los inicios de este proyecto, puedo establecer algunos hitos relevantes que me motivaron a llevarlo adelante, empezando por el descubrimiento de obras claves de dos personas durante la segunda mitad de los '70.
La primera fue el dramático ensayo de la fotógrafa alemana Leni Riefenstahl sobre la vida de los Nuba, en los confines del Sudán. En azarosos viajes a territorios aún aislados de la intervención occidental, Riefenstahl pudo registrar una cultura que tenía el cuerpo como protagonista, pintándolo y adornándolo con una creatividad y originalidad únicas. Más aún, la tradición de aplicar colores y diseños sobre sus cuerpos no se circunscribía a los rituales, como es habitual en la mayoría de las tribus; Riefenstahl descubrió que los Nuba se pintaban diariamente según su estado de ánimo. El conocimiento de este hecho fue una revelación de gran trascendencia para mí.
El segundo trabajo que me impactó en esa misma época fue el desarrollado por la artista Vera Lehndorff, también alemana, junto al fotógrafo Holger Trülzsch. Lehndorff, por entonces famosa en el mundo de la moda como la modelo Veruschka, se fotografió contra una gran variedad de escenarios como muros y puertas, o paisajes abiertos, y también se disfrazó con diversos trajes que pintaba directamente sobre su piel, en un juego creativo que hacía reflexionar sobre la realidad, la ficción, y nuestra percepción de ambas.
La motivación de los Nuba para pintarse el cuerpo y los trabajos de Lehndorff y Trülzsch confluyeron finalmente en mi concepción del proyecto Cuerpos Pintados, mostrándome el potencial expresivo que podían ofrecer estos lenguajes al arte contemporáneo.




¿Qué podría crear un pintor contemporáneo utilizando el cuerpo humano como soporte? A mediados de la década de 1980 invité a Mario Toral y Carmen Aldunate, ambos destacados pintores chilenos y amigos cercanos, a transferir sus lenguajes a la piel de una modelo. Tras no pocas dificultades habíamos encontrado las pinturas adecuadas, y surgieron así los primeros cuerpos pintados. Aquellos experimentos iniciales, espontáneos y sencillos, nos estimularon a tal punto que me propuse llevar adelante sesiones con otros artistas hasta culminar, eventualmente, en un conjunto de imágenes que dieran forma a un libro. Sin embargo, había que convocar a los pintores y, más difícil aún, encontrar modelos dispuestos a ser pintados y fotografiados desnudos. Acudí a la vasta experiencia de la galerista santiaguina Lily Lanz, con quien establecimos una pauta de artistas valiosos y diversos, a la vez que representativos del arte nacional. Por su parte, Pauline Lanz, hija de Lily, me ayudó a conseguir modelos entre sus amistades, luego de la experiencia inédita y fascinante que le había significado ser pintada por Carmen Aldunate. Dada la arraigada e inexplicable reticencia de los hombres a figurar desnudos, logró entusiasmar sólo a modelos mujeres.
El nerviosismo natural que hasta el día de hoy embarga por igual a modelos y pintores en su primer encuentro, siempre ha sido minimizado por un entorno en el que prima el profesionalismo. En salas blancas con paredes con espejos, una experta maquilladora ha estado presente en todo momento ofreciendo asistencia y generando confianza al pintor y su modelo, quienes muy pronto superan sus inhibiciones para concentrarse en el trabajo creativo
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